Nunca nos ha preocupado tanto la deuda como en estos últimos meses. Algo que antes parecía totalmente natural como era pedir dinero prestado, ahora parece que se presenta como un estigma, principalmente para las Administraciones y para las empresas.
Prácticamente todos nos endeudamos en algún momento de nuestra vida con el propósito de realizar una compra que de otra manera no podríamos hacer. El ejemplo paradigmático sería la solicitud de un préstamo para comprarnos una vivienda. Si no pidiésemos un préstamo difícilmente podríamos comprarnos una vivienda, siempre hay casos excepcionales, pero resultaría así para los más comunes de los humanos.
Al igual que los particulares, tanto las empresas como las Administraciones acuden a la vía del endeudamiento para financiar nuevas inversiones que en el caso de las primeras servirán para mejorar su competitividad o, en el caso de las segundas, para dotar de servicios a la ciudadanía (una nueva carretera, un hospital, etc.).
Podemos decir que endeudarse solo tiene una regla básica. Esta es que: con los ingresos que se puedan generar, se pueda atender al pago de la deuda. De lo contrario se genería un segundo problema, el déficit, es decir, que los gastos son superiores a los ingresos, o dicho de otra manera, dar pérdidas.
Ese noble fin del endeudamiento, se ha pervertido en los últimos meses y ha pasado a convertirse en la cabeza del dragón al que hay que derrotar como sea.
Es cierto que el nivel de endeudamiento de la economía española es altísimo y que se debe sobre todo a las familias y a las empresas. pero si analizamos los tres grandes agentes económicos podríamos encontrarnos con alguna sorpresa.
Las Admisnitraciones, si bien han visto crecer enormemente su endeudamiento, tendrían un porcentaje de deuda similar al de Alemania en términos absolutos. España tiene una deuda del 63% del PIB (la UE recomienda un máximo del 60%), mientras que Italia supera el 100% de endeudamiento. El problema principal del endeudamiento de las administraciones españolas es la poca capacidad de hacer crecer sus ingresos y que hacen creer a los prestamistas que atenderá con dificultad a los pagos de su deuda.
Otro problema que ha adquirido el endeudamiento de las Administraciones Públicas es que ha comenzado a utilizarse cada vez en mayor medida para financiar gastos corrientes (fundamentalmente los gastos de personal), en lugar de inversiones.
Este mismo problema lo tenemos en las empresas. Los préstamos han pasado de financiar fundamentalmente inversiones productivas (nuevas plantas, nueva maquinaria...) a utilizarse como un método de financiación del circulante de la empresa (proveedores, nóminas, etc.).
La empresa española está muy expuesta a la deuda, y el crecimiento económico que se prevé a corto plazo no parece suficiente para poder atender a los pagos derivados de su endeudamiento; aunque la restricción al crédito para circulante por parte de los bancos está corrigiendo esta situación.
La situación más grave en mi opinión está en el endeudamiento de las familias. En los años de bonanza se han endeudado muy por encima de sus posibilidades, incluyendo en los préstamos hipotecarios gastos que no deberían haberse financiado por esta vía (compra de vehículo, mobiliario de la casa, vacaciones, etc.).
Sería interesante que quien decidió financiar su vehículo mediante la hipoteca de su vivienda, en lugar de con un préstamo personal, como debería haber hecho; hiciese un cálculo del costo final que tendrá ese vehículo, la sorpresa no será nada agradable.
Con respecto a este último caso sí que me gustaría pegar un tirón muy fuerte de orejas a la banca, que en muchos casos asesoraron mal a su clientes, haciéndoles creer que lo adecuado para financiar ciertos caprichos era aumentar el montante de su hipoteca.
Como ya he dicho alguna vez, de nada se aprende más que de los errores, así que espero que hayamos aprendido tod@s la lección.
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