VERDE, QUE TE QUIERO VERDE
Cerramos hoy la serie de capítulos sobre la reforma fiscal. Hemos hablado estos días de las propuestas que se están haciendo desde el PSOE (del PP no conocemos ninguna, por lo menos yo), y así hemos repasado el copago sanitario, los impuestos sobre la banca, el impuesto sobre el patrimonio y la tasa al transporte por carretera (ver archivo para leer los artículos).
Hoy para variar, seré yo quien haga una propuesta para la reforma fiscal. Y es que en todo este tema echo en falta lo que podríamos llamar fiscalidad ecológica, es decir, penalizar fiscalmente actitudes que vayan contra el medio ambiente.
Me sorprende que no haya aparecido este tema en las propuestas fiscales, siendo como es, un enorme campo de desarrollo recaudatorio. Hasta ahora apenas se ha contemplado y abarca ámbitos como vehículos, transporte, vivienda, inversiones, empresas, etc.
La filosofía sería sencilla, que pague más el que más contamina. Tendría un fuerte apoyo social y, al igual que sucede con impuestos como el del alcohol o tabaco, quedaría en su mayor parte a voluntad del contribuyente el ser más ecológico y pagar menos o aportar más a las arcas públicas.
Además al poder ser aplicable en muy diferentes campos, contribuiría al equilibrio presupuestario de todas las administraciones: estatal, autonómica y local.
El mayor "pero" que se le puede poner es su control en la aplicación práctica. Debería estar muy claro cuál va a ser el hecho imponible para evitar grandes bolsas de fraude fiscal, pero es el mismo problema que ya existe con muchos tributos.
La existencia de unas tasas ecológicas, junto al resto de impuestos indirectos (IVA, impuestos especiales...) deberían contribuir a que cada uno viva dentro de sus posibilidades, cosa que estos últimos años no se nos ha dado muy bien a los españoles.
Etiquetas: IMPUESTOS


2 comentarios:
¿No vale con poner un devor olor en el tubo de escape?
Me te mo que no, Cizañero, jejeje.
Ten en cuenta que sería mejor el pago de impuestos ecológicos de esta manera que no tener que sufrir una nueva subida del IVA (hasta el 23% en los países rescatados) y que repercutiría en los bolsillos de todos, indepenndientemente de nuestro nivel de renta.
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