El nombre RUMASA siempre irá asociado a la expropiación que se produjo a principios de los 80 y a su dueño, José María Ruiz Mateos. No voy a analizar ahora aquella expropiación, sino el nuevo escándalo del grupo empresarial.
El año pasado una enorme campaña publicitaria del grupo empresarial NUEVA RUMASA nos asaltaba en los medios, ofreciéndonos pagarés de empresas del grupo a un tipo de interés muy por encima del que existía en productos bancarios.
Mucha gente vio en la NUEVA RUMASA la resurrección del Ave Fénix y acudieron a la compra de los pagarés, sin darse cuenta que la compra de esos pagarés era una cuestión de fe, ya que no requerían de control alguno por parte de la CNMV.
Parece ser que la compra de pagarés no fue todo lo voluminosa que la familia Ruiz Mateos esperaba y nos sorprendieron con una segunda oferta, pero esta vez, en lugar de pagarés, nos ofrecían forma parte del capital de la empresa, mediante la adquisición de participaciones y ser así partícipes de los futuros beneficios generados. Nuevamente una cuestión de fe.
No pasaron muchos meses cuando se dio la voz la alarma, NUEVA RUMASA no podía hacer frente a los pagos con sus acreedores, entre ellos los compradores de los pagarés.
Rápidamente, el patriarca compareció ante los medios asegurando que había liquidez y solvencia suficiente y que, en caso de que no las hubiese, liquidaría su propio patrimonio personal para liquidar la deuda. Incluso llegó a insinuar que antes el suicidio (si se lo permitiese su religión) que dejar de pagar.
Al cabo de unos días el propio grupo empresarial declaró el concurso de acreedores para varias de sus empresas (reconocimiento expreso de falta de solvencia y liquidez), después, el reconocimiento de un agujero patrimonial y de deudas por importe de 1.200 millones de euros con los acreedores. Incluso, la Audiencia Nacional, ha admitido a trámite una querella por estafa e insolvencia punible.
Ahora, ya no se oye que se pagará como sea a los acreedores, ni siquiera con su patrimonio personal, sino que el nuevo frente es recriminar al Estado que les debe 18.000 millones de euros por la antigua expropiación (ninguna sentencia reconoce este punto).
Con esta nueva estrategia se descarga la culpa sobre un gobierno (socialista, como el que expropió RUMASA) y así, los más acérrimos acólitos seguirán pensando en una teoría conspirativa y no en una mala praxis empresarial.
La avaricia rompe el saco. Los inversores miraron la rentabilidad sin hacer caso de la solvencia de la empresa, principio que debería ser básico antes de elegir una inversión.
Todo indica que los pagarés NUEVA RUMASA han sido como una nueva forma de estafa piramidal.
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