CAPITALISMO DE BURBUJA
Si pudiéramos definir el mundo actual con una única palabra muy probablemente ésta sería la palabra velocidad. Todo se ha acelerado y va más deprisa, lo que hace que los cambios sean continuos y trepidantes.
La velocidad en el cambio se ha instalado en todos los ámbitos de nuestra vida y, como no podía ser menos, también en la economía. La tercera revolución industrial ya está aquí pero seguimos inmersos en una mentalidad socio-económica del pasado. De momento la política se ve incapaz de asumir los nuevos cambios y se limita a ofrecer un capitalismo basado en burbujas especulativas.
Este capitalismo sucedáneo llegó a España en los años 90, con la anterior crisis. La revolución de internet se unió a la salida a Bolsa de gran número de empresas, tanto públicas (Telefónica, Argentaria...) por la necesidad de hacer caja para luchar contra el déficit; como privadas (Santander, BBV...) que necesitaban mayor financiación para buscar nuevos mercados. Este proceso fue conocido como capitalismo popular por convertir a muchos pequeños ahorradores de clase media en inversores bursátiles.
Este proceso de popularización de los mercados entre la clase media se vio agudizado por la extensión de la comercialización de nuevos productos financieros como los planes de pensiones o los fondos de inversión.
Así fue como surgió la primera de la burbujas económicas de la época reciente, la de las empresas conocidas como "punto com". Sociedades que utilizaban la red de redes pero que realmente no siempre estaban respaldadas por algún valor real ¿recordáis TERRA? El pinchazo de la burbuja tecnológica dilapidó los ahorros de muchos pequeños inversores, pero el mercado español no sufrió en general la repercusión, como sí sucedió entre los inversores norteamericanos.
La gran burbuja de la economía española no ha pinchado hasta 2007. Como habréis adivinado hablamos de la burbuja inmobiliaria. Durante años el mercado se comportó como si no existiera la posibilidad de una depreciación de los inmuebles ni un límite en la capacidad de endeudamiento de la sociedad. A estas alturas todos conocemos perfectamente las consecuencias.
Desde ese año y debido a la profundidad de la crisis han salido a la luz toda una serie de burbujas económicas, nacidas todas (como la anterior) de la mano de una legislación creada por una clase política que parece centrada en buscar la manera de encontrar pelotazos más que en gestionar los recursos públicos y modernizar la sociedad.
Tenemos como ejemplos la burbuja bancaria con sus productos financieros fallidos (participaciones preferentes); la burbuja de las infraestructuras representada princiaplmente por las autopistas de peaje fallidas y que finalmente serán sufragadas por el paciente contribuyente; la burbuja de las energías renovables con sus cuantiosas primas a la producción pagadas con dinero público; o, por último, la burbuja del fútbol, con equipos de todas las categorías siendo dirigidos por administradores judiciales y que desvelan el saqueo indecente llevado a cabo en estas entidades.
Pero lejos de aprender parece que seguimos empeñados en crear nuevas burbujas que acaben de esquilmar los recursos de la clase media. Así deberemos estar atentos a una más que posible burbuja en las empresas 2.0, en lo que sería una reedición de la burbuja tecnológica, y que podríamos ver en la salida a Bolsa de un valor como Facebook.
Aunque la posible burbuja que podría resultar más peligrosa estaría relacionada con una posible privatización de los servicios públicos básicos: sanidad y educación. El traslado de la gestión de estos servicios a manos privadas puede ser la culminación de la extracción de rentas, el culmen de la vampirización de las clases medias.
La velocidad en el cambio se ha instalado en todos los ámbitos de nuestra vida y, como no podía ser menos, también en la economía. La tercera revolución industrial ya está aquí pero seguimos inmersos en una mentalidad socio-económica del pasado. De momento la política se ve incapaz de asumir los nuevos cambios y se limita a ofrecer un capitalismo basado en burbujas especulativas.
Este capitalismo sucedáneo llegó a España en los años 90, con la anterior crisis. La revolución de internet se unió a la salida a Bolsa de gran número de empresas, tanto públicas (Telefónica, Argentaria...) por la necesidad de hacer caja para luchar contra el déficit; como privadas (Santander, BBV...) que necesitaban mayor financiación para buscar nuevos mercados. Este proceso fue conocido como capitalismo popular por convertir a muchos pequeños ahorradores de clase media en inversores bursátiles.
Este proceso de popularización de los mercados entre la clase media se vio agudizado por la extensión de la comercialización de nuevos productos financieros como los planes de pensiones o los fondos de inversión.
Así fue como surgió la primera de la burbujas económicas de la época reciente, la de las empresas conocidas como "punto com". Sociedades que utilizaban la red de redes pero que realmente no siempre estaban respaldadas por algún valor real ¿recordáis TERRA? El pinchazo de la burbuja tecnológica dilapidó los ahorros de muchos pequeños inversores, pero el mercado español no sufrió en general la repercusión, como sí sucedió entre los inversores norteamericanos.
La gran burbuja de la economía española no ha pinchado hasta 2007. Como habréis adivinado hablamos de la burbuja inmobiliaria. Durante años el mercado se comportó como si no existiera la posibilidad de una depreciación de los inmuebles ni un límite en la capacidad de endeudamiento de la sociedad. A estas alturas todos conocemos perfectamente las consecuencias.
Desde ese año y debido a la profundidad de la crisis han salido a la luz toda una serie de burbujas económicas, nacidas todas (como la anterior) de la mano de una legislación creada por una clase política que parece centrada en buscar la manera de encontrar pelotazos más que en gestionar los recursos públicos y modernizar la sociedad.
Tenemos como ejemplos la burbuja bancaria con sus productos financieros fallidos (participaciones preferentes); la burbuja de las infraestructuras representada princiaplmente por las autopistas de peaje fallidas y que finalmente serán sufragadas por el paciente contribuyente; la burbuja de las energías renovables con sus cuantiosas primas a la producción pagadas con dinero público; o, por último, la burbuja del fútbol, con equipos de todas las categorías siendo dirigidos por administradores judiciales y que desvelan el saqueo indecente llevado a cabo en estas entidades.
Pero lejos de aprender parece que seguimos empeñados en crear nuevas burbujas que acaben de esquilmar los recursos de la clase media. Así deberemos estar atentos a una más que posible burbuja en las empresas 2.0, en lo que sería una reedición de la burbuja tecnológica, y que podríamos ver en la salida a Bolsa de un valor como Facebook.
Aunque la posible burbuja que podría resultar más peligrosa estaría relacionada con una posible privatización de los servicios públicos básicos: sanidad y educación. El traslado de la gestión de estos servicios a manos privadas puede ser la culminación de la extracción de rentas, el culmen de la vampirización de las clases medias.
Etiquetas: POLÍTICA ECONÓMICA




