La economía española debería ser declarada no apta para personas con problemas cardíacos; la Bolsa cae a niveles de 2003, la prima de riesgo en máximos de la "era Euro", nacionalizaciones bancarias, tasa de paro acercándose al 25% y sin previsión de una reducción en el corto plazo (todo lo contrario), etc.
Para acompañar todo esto, la situación en Grecia, socio de la zona Euro, es extrema, sin posibilidad de formar gobierno tras las elecciones parece con pie y medio fuera de la moneda única, lo que podría desencadenar un efecto dominó en las economías europeas más débiles.
El ministro de Economía, Luis de Guindos, afirmó ayer en su viaje a la reunión del Eurogrupo que "España ha tomado las medidas en su mano", fiando el futuro económico español al apoyo de nuestros socios europeos. En ese instante me recordó a Poncio Pilatos cuando decidió lavarse las manos en el asunto del Nazareno, yo ya he hecho lo que he podido así que no me pidan más.
Hace cinco meses el gobierno Rajoy tenía muy claro lo que había que hacer para sacar a España de la crisis, pero da la sensación de que todas las reformas que se nos prometieron han estado más enfocadas a un mero recorte del gasto que a la reforma estructural de las instituciones. Un maquillaje de chapa y pintura que no soluciona los problemas del motor.
El mayor reto que afronta España como nación es reconquistar la confianza de los mercados financieros y de las instituciones políticas y económicas; y de momento el mero ejercicio de los recortes presupuestarios no ha conseguido recuperar esa confianza.
Tan importante como racionalizar el gasto directo en sanidad o educación es conseguir mejorar la eficiencia del servicio, lo que va más allá de una mera reducción presupuestaria.
En el caso de la banca, las reformas financieras se han limitado a dar solidez a los balances de las entidades, sin embargo no se ha hecho nada (o casi nada) por mejorar la transparencia de la información bancaria. Todos sabemos que la contabilidad, sin un supervisor serio, es algo subjetivo y de interpretación muy variable. ¿Cómo puede confiar un inversor en las cuentas de una entidad financiera española tras lo sucedido en BANKIA?
Lo mismo es aplicable para las Administraciones Públicas, con sus cajones en los que aparecen facturas sin contabilizar o gastos adjudicados sospechosamente por precios superiores a los de mercado.
Nuestro problema es de credibilidad y no lo solucionaremos si no vamos a la raíz de dicho problema.
Etiquetas: POLÍTICA ECONÓMICA