viernes, 22 de marzo de 2013

HISTORIA DE DOS CORRALITOS

Es difícil encontrar dos sinónimos perfectos totales ya que, si los analizamos detenidamente, cada uno de los términos considerados sinonímicos esconde un matiz específico que hace que la coincidencia semántica raramente sea del 100%.
 
Al igual que con los sinónimos podemos afirmar que con los hechos históricos sucede lo mismo. Muchas veces hemos oído decir que la historia se repite, pero cada acontecimiento tiene su singularidad que, aunque en lo genérico nos sirva para establecer analogías, en lo específico siempre ofrece variantes.
 
Hablaríamos en este caso del que ya se conoce como corralito chipriota y que como sabéis recoge su denominación por equivalencia con el fenómeno ocurrido en Argentina hace ya casi 12 años. Sin embargo ambos hechos, tras surgir de un elemento común (evitar la retirada masiva de depósitos bancarios), ofrecen especificidades que pasaremos a comentar.
 
El caso argentino vino por la confluencia del peligro de suspensión de pagos de la economía con la existencia de lo que se denominaba convertibilidad entre el peso argentino y el dólar. Ambas monedas tenían un tipo de cambio a la par, establecido artificialmente, que hacía equivaler 1 peso con 1 $.
 
Ante el temor de fuga de depósitos se estableció la restricción de la libre disposición de dinero efectivo, fenómeno que ya todos conocemos como corralito. Se limitaba la disposición de dinero a 250 pesos semanales por titular. Esta brusca reducción de la liquidez asfixió el crédito y el comercio en todo el país, viéndose especialmente afectadas las personas situadas en la economía sumergida y que representaban un alto porcentaje de la población argentina. Esta situación llevo a toda esta gente a reinstaurar una economía de trueque debido a la falta de liquidez monetaria. El corralito argentino duró apenas un mes, pero no fue más que el preludio de algo mucho peor; el corralón.
 
El corralón consistió en la derogación de la ley de convertibilidad que fijaba el cambio del peso y el dólar, pasando automáticamente a una nueva relación entre el cambio de ambas monedas que se situó en 1,40 pesos = 1 $. Asimismo, quienes poseían depósitos denominados en dólares, sufrieron el cambio de moneda y la subsiguiente devaluación de sus ahorros. Para colmo el valor de las deudas contraídas con el sistema financiero se mantuvieron en el antiguo cambio paritario.
 
El caso de Chipre que nos ocupa estos días tiene su singularidad propia. Aunque el objetivo de su corralito es el mismo que en Argentina, evitar la retirada masiva de depósitos, el estar este país dentro de la Eurozona le otorga sus propias características.
 
Como ya sabéis la economía chipriota sufre una grave crisis financiera, por lo que se estima la necesidad de un rescate. En este caso la famosa troika (FMI, BCE y Consejo Europeo) deciden innovar la forma del rescate exigiendo al gobierno chipriota que sea el propio país quien asuma directamente parte del costo de la factura del rescate. Ante este requerimiento, el gobierno de la isla bloquea los depósitos bancarios con el fin de detraer una parte de los mismos la cual servirá para costear la parte del rescate que quiere la troika. Este bloqueo bancario se produjo el pasado día 15 de marzo.
 
Desde este momento los ciudadanos chipriotas pasan a depender económicamente del dinero en metálico que tuvieran en sus domicilios. Nuevamente las consecuencias para el comercio y el crédito son nefastas. Pasan los días y, mientras se siguen negociando planes de salvamento de la economía, los ciudadanos son relegados a un segundo plano y siguen sin poder disponer de sus ahorros. Esto será así al menos hasta el próximo martes 26 de marzo (y ya van 11 días).
 
¿Debemos temer un corralón a la chipriota? Por desgracia no es una opción desechable. De no llegarse a un acuerdo satisfactorio, el Eurogrupo parece dispuesto a prescindir de Chipre como miembro de la Moneda Única. Los ahorros bancarios depositados en esta isla mediterránea pasarían a estar denominados en otra moneda distinta que se devaluaría automáticamente frente al Euro, permaneciendo las deudas financieras en la antigua moneda.
 
El principal problema está en que aún en el caso de que se aceptase un plan de rescate ¿quién dejará sus ahorros depositados en los bancos? Nadie, la fuga de depósitos está garantizada en cuanto se suprima el corralito, y viendo cómo se las gasta la autoridad financiera europea nada nos garantiza que los depósitos bancarios en otros países europeos estén a salvo, lo que puede provocar una retirada masiva de dinero del sistema bancario europeo.
 
Esperemos que las aguas vuelvan a su cauce lo antes posible y teniendo en cuenta los derechos y las necesidades de los ciudadanos chipriotas.

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