LA DESIGUALDAD ECONÓMICA NO ES NEGOCIO
Si echamos la vista atrás y miramos cómo ha avanzado la sociedad respecto de su economía doméstica en estos últimos 15 años, podemos ver cómo las desigualdades económicas han ido abriendo una brecha cada vez mayor; es decir, se ha incrementado la diferencia entre las rentas altas y las rentas medias.
Esta situación se fue solucionando durante los años de bonanza con el continuo aumento de la liquidez. Así, a las clases medias se les dio todo tipo de facilidades para pedir préstamos y endeudarse y poder tener un nivel de vida lo más parecido posible al de las rentas más altas: comprar una casa con habitaciones dee sobra, un coche todoterreno para moverse por la ciudad, una TV de 50 pulgadas, irse de vacaciones al otro lado del planeta...; siempre por encima de sus necesidades. Todo ello a costa de hipotecar (nunca mejor dicho) su futuro.
Pero con la crisis financiera, este "Estado de Bienestar Endeudado", se ha tambaleado, y el endeudamiento de las familias con rentas medias está ejerciendo un efecto negativo de palanca que está teniendo como consecuencia una todavía mayor desigualdad económica entre clases.
La falta de cohesión social no es un buen negocio para los estados. Nuestro sistema se basa en el mantenimiento de una sólida y numerosa clase media, sobre la que se apoyan la fiscalidad y el consumo. Las Administraciones no están rebajando la fiscalidad, todo lo contrario, por lo que cada día empobrecen más a la clase media que dispone de menos dinero para consumir.
La mejor manera para mantener la cohesión social y favorecer a las clases medias es la redistribución de la riqueza vía impuestos, pero esto no quiere decir que haya que subir impuestos, sino racionalizar nuestro sistema fiscal para que ejerza su función redistributiva de la renta.
Etiquetas: POLÍTICA ECONÓMICA


2 comentarios:
Lo que creo que es un error es ponerse a derrochar cuando la economía va bien o parece ir bien. No es plan ponerse a gastar más de lo que uno tiene. Luego pasa lo que pasa.
Todos somos humanos, y tendemos a comportarnos de una manera procíclica, es decir, si la economía va bien derrochamos, y si va mal no gastamos ni un céntimo.
Precisamente para evitar esto están los gobiernos y sus instituciones; pero en nuestro caso los que tenían que vigilar han sido los que nos han dado el peor ejemplo. Han derrochado cuando la economía crecía y no sueltan un euro en plena recesión...
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