COMO AL FINAL SÍ QUE SEA UNA AMNISTÍA FISCAL...
Son tiempos de marejada a fuerte marejada para el gobierno. La sucesión de supuestos escándalos fiscales por el cobro de sobresueldos y de delitos de cohecho ha puesto en el ojo del huracán cualquier acto que pudiera tener relación con movimientos de dinero negro. Y la estrella de todo esto es la célebre amnistía fiscal que se aprobó el año pasado.
Recordemos brevemente; con la intención de atraer capitales salidos de España de manera fraudulenta el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, autorizó una regularización fiscal por la que los defraudadores pudieran ponerse al día con el fisco a cambio del pago de un 10% (un tipo impositivo mucho menor que el que paga cualquier trabajador por su salario; 24,75% como mínimo, de ahí pa'rriba). La previsión era detectar 25.000 millones de euros de bases imponibles ocultas (defraudadas) que al tipo del 10% ingresarían en caja 2.500 millones de euros.
La polémica estaba servida: en lugar de perseguir el fraude fiscal, se da un trato puntual de favor a los defraudadores para que tributen a un tipo mucho más reducido que el resto de ciudadanos que ha cumplido puntualmente con sus obligaciones fiscales; pero todo fuese por un ulterior bien mayor.
Llegó el final del plazo para la regularización y los datos que arrojó fueron unas bases imponibles descubiertas de 40.000 millones de euros (un 60% más de lo previsto, ¡oh, glorioso éxito!); sin embargo a nivel recaudatorio entraron en las cuentas públicas apenas 1.200 millones de euros, menos de la mitad de lo presupuestado. Es decir, podríamos concluir que realmente el tipo impositivo ha sido del 3%.
Personalmente veo incumplido el objetivo que tenía el Ministro de hacienda por dos motivos:
1.- Se ha recaudado menos de la mitad de lo esperado.
2.- La metodología real de regularización era desconocida por el Ministro, ya que con unas bases imponibles declaradas mayores de lo esperado se recauda mucho menos.
Además, nos queda la sombra de una duda. Se insistió al anunciar el proceso de regularización fiscal que no serviría para evitar procesos por fraude fiscal de quienes ya tuvieran abierta una causa judicial (Bárcenas, verbi gratia); pero visto el poco tino del Ministro para saber cómo tributarían las bases imponibles descubiertas, ¿podemos fiarnos de que no se aproveche la amnistía fiscal para regularizar de paso la situación penal, sobre todo cuando se sospecha que más de 20 imputados por la trama Gürtel (varios de ellos vinculados políticamente con el gobierno) se han acogido al proceso de regularización fiscal?
El propio Luis Bárcenas, ex-tesorero del PP y famoso por unos papeles apócrifos sobre la financiación irregular del PP, ha tenido estos días un rifirrafe verbal con la Agencia Tributaria a cuenta de la amnistía fiscal. Él afirmaba haber regularizado su situación fiscal mediante esta amnistía, algo que rápidamente negó Hacienda. Luego Bárcenas mostró pruebas de su regularización y Hacienda les quitó crédito por haberse realizado a través de una sociedad...
¿Estaría dispuesto el Ministro de Hacienda a asumir su fracaso con la amnistía fiscal si liberase de responsabilidades penales a quienes se acogieron a ella? ¿Y dimitiría?
Etiquetas: IMPUESTOS


2 comentarios:
En contestación a las dos últimas preguntas, yo apostaría a que no. Como ya comenté en la anterior entrada, dudo que los políticos paguen por sus errores ya sea de una manera o de otra.
Está visto que aquí el único que dimite (perdón, renuncia) es el Papa.
Espero que entre las medidas contra la corrupción, en favor de la transferencia, etc que dice preparar el gobierno haya alguna para la responsabilidad de los gestores públicos.
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