lunes, 23 de enero de 2012

LICENCIA PARA ENGAÑAR

Ciertamente, a lo largo de estos meses, he defendido la posición de que no podíamos volcar toda la culpa de la crisis en los bancos. Esto no quiere decir que no los podamos responsabilizar de conductas fraudulentas que, si no han sido el germen de la crisis, sí que han ayudado a agravarla.

Una de estas responsabilidades ha sido la venta de las conocidas como participaciones preferentes. Y es que solo con oir el nombre (al que lo inventó le deberían dar el primer premio de marketing) nos parece que un prodcuto destinado a los clientes VIP, por aquello de las preferentes.

Estas preferentes se ofrecían a los ahorradores como una especie de depósito a plazo fijo. Tenían un tipo de interés alto (7-8%) durante el primer año y luego se referenciaban al euribor más un diferencial. Con ete perfil, los inversionistas más conservadores firmaron la adquisición de participaciones. Pero hete aquí, que eran tan a plazo fijo, que eran a plazo perpetuo.

Las primeras participaciones sí se recanjeaban al cliente, pero según avanzó la crisis y las entidades aumentaban sus necesidades de capital desapareció el reintegro del importe invertido. ¿Qué hacer entonces para deshacerse de las participaciones preferentes? El inversor tiene varias opciones, pero que dependen también de las que les den en su entidad bancaria:

Acudir al mercado secundario. Vender las participaciones preferentes a otro inversor. El problema está en que la cotización de estas ha caído drásticamente, hasta un 70%.

Canjearlas por acciones. Si el banco ofrece esta opción es la más rápida  y la menos perjudicial para el inversor. El problema está en que el aumento de capital con participaciones preferentes afecta negativamente al resto de accionistas, por lo que muchas entidades rechazan esta opción.

Canjearlas por bonos convertibles. Se garantiza a los inversores la transformación a medio-largo plazo de las participaciones en acciones. Problema: actualmente el precio de conversión que ofrecen los bancos está bastante por debajo del valor de las participaciones (30-40%).

Compra bonos a largo plazo. Se sustituye la participación por un título de deuda a largo plazo. Para el inversor hay una pérdida por la diferencia entre el valor de las preferentes y el de los bonos emitidos; y para el banco supone un aumento del endeudamiento.

Los inversores se están uniendo en diferentes asociaciones para denunciar la falta de rigor por parte de los bancos a la hora de vender productos financieros con cierta sofisticación y sin explicar todas las caracterísitcas y consecuencias de su compra, a personas con conocimientos limitados sobre mercados financieros y que confiaron ciegamente en el director de su oficina bancaria.

Pero lo más preocupante para los bancos debería ser la pérdida de confianza de sus clientes. Las oficinas bancarias han funcionado como despachos comerciales donde solo importaba alcanzar los objetivos de ventas sin importar la adecuación del producto financiero vendido a las características del inversor.

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