martes, 24 de abril de 2012

EL LIO DE YPF

Pasado el calentón de los primeros días en la expropiación de la empresa YPF, perteneciente a la petrolera española REPSOL, por parte del gobierno argentino, vamos a intentar de ver un poco más en profundidad las luces y sombras de dicha operación.

Recordemos en primer lugar que YPF era una empresa pública y que fue en los años 90 cuando el estado argentino decidió su venta a una empresa privada. En aquella privatización el propio matromonio Kirchner se encargó de convencer a parte de los congresistas argentinos de la necesidad de dicho cambio, en pro de obtener una mejor capacidad para explotar los recursos petrolíferos del país.

Seguramente en dicho proceso de privatización hubo quienes consiguieron pingües beneficios y entre estos no se encontraba el pueblo argentino, pero ese es tema diferente del que nos ocupa.

Se argumenta por parte de Argentina que REPSOL ha vaciado de inversiones a la empresa YPF, lo que le ha hecho perder capacidad hasta el punto de tener que adquirir combustibles el propio estado argentino al exterior (con el coste economico que ello les supone) cuando los recursos en el subsuelo del país austral son más que suficientes para autoabastecerse. La solución es retomar el control público de la empresa y aumentar la producción que garantice el abastecimiento patrio. Hasta aquí todo correcto, pero hay algunos errores que desvirtúan el planteamiento.

En primer lugar, la compra de YPF por parte de REPSOL tuvo algún condicionante por parte del gobierno argentino. Para que el capital del país suramericano permaneciese teniendo un peso relevante en la empresa petrolera, se obligó a REPSOL a vender un 25% de la empresa al Grupo Petersen, controlado por la familia Eskenazi con tradición empresarial y bancaria en Argentina y con una relación más que casual con la familia Kirchner. Como la familia Eskenazi no disponía de liquidez para dicha compra de acciones, se exhortó a REPSOL para que prestase el dinero a la familia Eskenazi y pudiesen adquirir el paquete de acciones determinado. Cuando menos rocambolesco.

¿Cómo recuperaría REPSOL el dinero prestado a los Eskenazi para la compra de YPF? Este punto se solucionó obligando a la petolera española a repartir dividendos. De esta manera los rendimientos que obtenían los Eskenazi eran utilizados para el pago del préstamo que tenían con REPSOL. Como el montante del préstamo era más que considerable, la empresa YPF se vió obligada a repartir dividendos del 90% de su beneficio si quería cobrar el dinero prestado.

El problema de un reparto tan alto de beneficios es que descapitaliza a la empresa y no olvidemos que estamos hablando de un sector, como es el de los hidrocarburos, donde las sociedades se caracterizan por ser intensivas en inversiones. Es decir, son necesarios miles de millones de euros para invertir en prospecciones y nuevos yacimientos y eso, con la política de dividendos a la que se veía sometida la empresa YPF, era imposible.

Resumiendo, seguramente tiene razón el gobierno argentino al decir que REPSOL no está invirtiendo en nuevos yacimientos, pero ¿era por culpa de la empresa? y ¿puede garantizarse que con la nacionalización se dispondrá del capital necesario para realizar las inversiones necesarias?

Y podríamos seguir añadiendo interrogantes: ¿Podrán pagar los Eskenazi las cuotas de su préstamo a REPSOL o tendrá que embargar la empresa española las acciones de aquellos en YPF? ¿Dispone el gobierno argentino de gente de confianza capacitada para la gestión de una empresa de hidrocarburos o acabará convirtiéndose en un nuevo caso de amiguismo y corruptelas políticas? ¿Fía el gobierno argentino la viabilidad de la empresa al gran yacimiento encontrado hace unos mese cuando la empresa estaba en manos de REPSOL? ¿Llegará al pueblo argentino alguno de los beneficios de la nacionalización? ¿No se tratará todo de una maniobra política para ocultar otros problemas de la economía argentina? ¿Perjudicará la inseguridad jurídica que crea esta situación a la inversión extranjera?

El tiempo nos irá respondiendo a todas ellas.

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