miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿A QUÉ TIENE MIEDO ALEMANIA?

Hay dos caminos para intentar solucionar la crisis: uno, centrarse en una política fiscal expansiva que aumentando el gasto favoreciese el crecimiento econñómico; y, dos, aplicar una política fiscal restrictiva para reducir el déficit y la deuda pública.

El pacto fiscal adoptado por Bruselas acordó compromisos para emprender este segundo camino, es decir, para reducir el déficit y la deuda pública. Con Alemania a la cabeza, se ha firmado ese acuerdo y nada indica que se vaya a modificar esta situación.

Con abnegación hemos asumido esta situación, pero aun aplicando la política fiscal restrictiva, se podrían aliviar las tensiones que provoca la prima de riesgo de países como España si la política monetaria, unificada y dirigida por el Banco Central Europeo, fuese expansiva. Para entendernos, que el BCE empezase a imprimir billetes y con ese dinero se comprase deuda de los países en apuros. A esta opción se opone el BCE presionado por Alemania que no quiere ni oir hablar de esa posibilidad.

¿Por qué se opone tan frontalmente Alemania a las políticas expansivas? ¿Quiere ayudarnos a salvar el Euro o solo piensa y actúa en su propio interés?

La oposición alemana a las políticas expansivas se justifica en que este tipo de políticas económicas conlleva un aumento de la inflación, elemento este que por motivos históricos produce aversión en el país germano.

La Alemania de los años 20 sufrió como ninguna otra nación el fenómeno de la hiperinflación, especialmente en el periodo 1921-1923. La necesidad de dinero para financiar la Guerra Mundial en primer lugar y después las indemnizaciones a los países vencedores obligó al gobierno alemán a abandonar el patrón oro de su moneda e imprimir ingentes cantidades de dinero. Al afluir tantísimo dinero lógicamente este se depreciaba por la subida de precios, la inflación.

La hiperinflación hizo que en 1923 medio kilo de pan costase 3.000 millones de Marcos o medio de carne 36.000 millones de marcos. A su vez, para poder hacer frente a pagos de esta desmesura se llegaron a imprimir billetes cuyo valor facial llegó a ser hasta de ¡100 billones de Marcos!. Esta acelarada depreciación del papel moneda motivó fotos como la que acompaña este texto, en la que los niños jugaban con fajos de billetes que en poco tiempo perdían todo su valor. Otra anécdota era que salía más barato empapelar las habitaciones con billetes viejos que comprar el papel para ello.

La sociedad alemana vio en estos años como el Estado era capaz de ayudarlos, pero sí que lo hacía a los banqueros (mayoritariamente judíos) y a los especuladores de materias primas. Esto produjo un gran descontento y una desconfianza en las instituciones democráticas y en los bancos (¿no hay un cierto paralelismo con la España actual?).

Por desgracia, este río revuelto lo aprovechó Hitler para culminar democráticamente su llegada al poder. La excesiva deuda y la actitud "antialemana" del sistema bancario fueron objetivos del discurso nazi. Las consecuencias ya las sabemos tod@s.

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2 comentarios:

A las 23 de noviembre de 2011 a las 4:14 , Anonymous Cizañero ha dicho...

Alemania querrá ayudar pero siempre que sean ellos los que pongan las condiciones. ¿Qué país ofrece ayuda a cambio de nada?

 
A las 23 de noviembre de 2011 a las 23:30 , Anonymous CONSULTORÍA DOÑA BERENGUELA ha dicho...

Me parece a mí que con el poco éxito de la última subasta de deuda alemana van a tener que trabajar más en equipo.

 

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