jueves, 18 de agosto de 2011

EL COSTE DE LA JMJ

Aunque por la murga mediática que nos asola desde hace días parecía que ya había empezado la Jornada Mundial de la Juventud 2011, ha sido hoy, con la llegada de Benedicto XVI, cuando se ha dado comienzo a dicha jornada, la cual se prolongará hasta el domingo.

No es mi intención ni me interesa valorar religiosamente el encuentro en sí, pero sí que me gustaría hacer mención a un tema que ha estado vigente en estos días previos; esto es, cuánto nos va a costar a los españoles (católicos o no) la celebración de este evento

A lo largo de esta semana y la anterior hemos oído que la JMJ no tendría coste alguno para las arcas públicas ya que se financia exclusivamente mediante aportaciones privadas; pero analizando un poco más en profundidad hemos visto que existen unos costos indirectos para el erario publico en la organización de esta jornada. El despliegue de un dispositivo de seguridad, la reducción de los bonos de transporte para los peregrinos o la incentivación mediante benficios fiscales a los patrocinadores privados han sido señalados como los principales focos de gasto público.

El establecimiento de un dispositivo de seguridad no es algo exclusivo de esta JMJ sino que la podemos encontrar en todo tipo de eventos que congregan un cierto volumen de publico. La disputa de un R.Madrid-F.C.Barcelona, la Manifestación del 1º de mayo o la Cabalgata de los Reyes Magos son acontecimientos que con mayor o menor grado requieren de planes de seguridad que suponen un costo para los ciudadanos, pero que no son puestos en tela de juicio por este mismo hecho.
 
Las deducciones fiscales para incentivar el patrocinio privado en determinados eventos tampoco es algo singular. Todos los años nos podemos encontrar con toda una perorata de acontecimientos que gozan de un beneficio fiscal: el Año Santo Jacobeo, la Copa América, la Capitalidad Europea de la Cultura..., pero en todos ellos se asume que el interés general en su realización es suficiente como para justificar estos incentivos fiscales.
 
La reducción de los bonos de transporte pueden ser considerados un "guiño" a la organización del evento, pero a mi juicio no ha venido dado por el caracter confesional del evento, y que se habría producido de igual manera si se hubiese tratado de un acontecimiento laico con el mismo poder de convocatoria.
 
Pero no podemos tener solo en cuenta los costes, también debemos ver los beneficios económicos que reporta. Debemos tener en cuenta que el número de asistentes a la JMJ se estima que será en torno al millón de personas que con su capacidad de gasto producirán un efecto dinamizante en el consumo interno, el cual, no debemos olvidar, es la variable con mayor peso en la ecuación de nuestro PIB.
 
La celebración de eventos de este tamaño es interesante siempre económicamente hablando (salvo contadísimas excepciones) por el efecto revitalizante que tienen en el consumo y que acaba redundando vía impositiva, por la recaudación del IVA, en el bolsillo público. Hay que ser más pragmáticos y dejar las cuestiones de fe aparcadas.
 
Al fin y al cabo a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

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