miércoles, 2 de febrero de 2011

A VUELTAS CON LAS PENSIONES (I)

Estos últimos días hemos visto cómo los sindicatos y el Gobierno han llegado a un acuerdo en la "reforma del sistema de pensiones" en España.
El diccionario de la RAE define reforma como:
"2. f. Aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo".
Deberíamos entender entonces que ante la falta de innovación (ya que el sistema de acceso a la prestación por jubilación va a ser el mismo) la reforma pactada sería una mejora del sistema anterior.


Pero ¿para quién es la mejora?

Se aumenta el número de años cotizados para obtener el 100% de la prestación de 35 a 37; el cómputo de la prestación se hará con los últimos 25 años cotizados en lugar de con los 15 últimos como hasta ahora, lo que normalmente reducirá el importe de la pensión a recibir…

No parece que a priori sea una mejora para los cotizantes, sino para la viabilidad del sistema.
Se justifica la necesidad de la reforma en la pirámide poblacional presente y futura de España. La pregunta es entonces ¿cómo influye la evolución de la población española en las pensiones por jubilación?
Nuestro sistema de pensiones se basa en que los cotizantes actuales pagan las prestaciones de los jubilados en este mismo momento. Estrictamente, cuando un español se jubila no cobra el dinero que ha ido pagando mes a mes en su cotización, sino que recibe la prestación gracias a que desde que se ha jubilado hay otros trabajadores que mes a mes ingresan dinero en la "Gran Caja de la Seguridad Social" mediante sus cotizaciones.
Este sistema no es en principio ni mejor ni peor, es fruto de un gran acuerdo social basado en la solidaridad.
Mientras nuestra pirámide de población ha sido joven, este sistema no ofrecía ningún problema, había trabajadores suficientes para cubrir las prestaciones de los jubilados, además la esperanza de vida hacía que la “carga monetaria” que suponía un jubilado desde el momento de su jubilación hasta el de su fallecimiento fuese moderado.
Podemos considerar que el sistema actual de pensiones en España se inició en 1967 con la publicación de la Ley General de la Seguridad Social. En aquel momento la esperanza de vida media era de 71,3 años, por tanto la duración de la prestación sería de 6,3 años (por simplificar consideraremos que la edad de jubilación media era de 65 años). Por aquel entonces, además, la pirámide poblacional tenía forma de pirámide propiamente dicha.
Actualmente la esperanza de vida es de unos 81,2 años lo que aumenta la duración de la prestación hasta 16,2 años. La pirámide poblacional ha ido adoptando forma de as de picas, estando las generaciones más numerosas en la parte central de la pirámide.

Es imposible modificar la pirámide poblacional en el corto y medio plazo y no parece que las políticas de natalidad de los gobernantes españoles vayan a producir cambios en un futuro. Entonces, ¿qué otra opción nos queda?

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